miércoles, 23 de diciembre de 2015

Sin Título

Tuve un flashback de cuando vivía en Córdoba. Me acuerdo una noche que fui a la tienda de licores en Bv San Juan y compré un Pisco de mango. Influenciado por imágenes del cine, quería tener una bebida alcohólica esperándome en la heladera, sentía que eso resaltaba el carácter urbano de mi vida. Aunqe cuando llegaba estresado al final de un día pocas veces recordaba tomarlo. Igual me duró poco.

Me gusta la vida en la ciudad. Nunca me identifico cuando alguien dice que quiere vivir en la montaña; sin embargo me gusta su sentido del humor.Todavía conservo la botella, sólo que ahora tiene agua fría. Sigue en la heladera. Una botella de cuello ancho en vidrio esmerilado, tiene la rosca del pico manchada con los giros de la tapa de aluminio.También recuerdo cuando compré un tupper rojo en forma de tomate. Guardaba lo que quedaba después de cortarle dos rodajas para una hamburguesa. Guardar el 75% de algo en la heladera para el día siguiente acentúa el hecho de vivir sólo.

Siento que si transcribo lo que pienso primero en papel, en vez de tipearlo en píxeles, las ideas pasan por un proceso más puro, sin filtros. Y si es con lápiz en lugar de tinta, mejor aún. No necesito luchar con un autocorrector, si me equivoco me equivoco.
Hay cierta terapia detrás del ritmo del grafito rayando el papel amarillento. Nunca dejé de ser consciente del carácter efímero/maleable del texto en lápiz. El rozamiento entre las hojas que se genera con los pequeños movimientos de apenas unos milímetros, entre mudanzas y acomodadas de biblioteca, va desparramando en círculos el grafito y se va formando una suerte de nube arenosa en torno a las palabras. Quizas una analogía del desvanecimiento de nuestros razonamientos de ese entonces.
No puedo evitar la idea de que algún día voy a abrir esta hoja y lo que escribí hoy apenas podrá leerse. Es ese tipo de pensamientos en los que a mi psicóloga le gustaba detenerse y preguntar -por qué?-

Si aprieto fuerte la punta el trazo se vuelve más ancho y tengo que dejar más espacio entre letras. Menos palabras por renglón. Detengo el lapiz. Me voy a dormir. Giro un poco los dedos para marcar más fuerte el último punto.

sábado, 29 de noviembre de 2014

What'll I Do





Primer video pum para arriba de la noche del 29 de Noviembre del 2014. A punto de llegar a diciembre, el mes en que cumplo años. A semanas de estar de vuelta en mi país. Mes raro este, de sorpresas, acusaciones y seudo perdones que se transforman en ataques de ansiedad y en ataques sin ansiedad.
Muchas canciones se llaman "Home".

Trabajando en la presentación de mi Thesis Pre Defense, que es este luneas a las 3:15 pm. Conteo regresivo de horas, tomando mate, comiendo appetizers en bares, manejando, caminando en la nieve, echado en el suelo de mi habitación mirando el techo sin poder levantarme, mirando el celular, mirando mucho el celular. Escuchando los pasos de los fantasmas por el techo y entre las paredes de la casa, caminando por el techo, al revés de lo que dictaría la gravedad si es que estuviera despierta a estas horas de la noche. Por qué es tan grave? Que significa en la historia, en el total de los hechos, en el total de los sentimientos, en el futuro? Que esa persona ya no es esa persona... ? Y qué si cada semana dejamos de ser nosotros, si cada día o cada noche. Somos nosotros todo el tiempo? Estamos dejando de ser nosotros con cada boludez con la que nos obsesionamos? En qué momento termina una obsesión? Cómo nos enteramos de eso? Hay formas horribles y momentos horribles para enterarse de cosas. Por el otro lado tenemos esas voces que son cálidas y que calman. Como el té, como el chocolate.
Como la música.

lunes, 24 de noviembre de 2014

lunes, 17 de noviembre de 2014

Stop

Y a veces algo se detiene. Y de repente no encontramos nada. Donde había cosas ya no hay nada.
Una canción sirve de parche unos cuatro minutos, y luego nada.

sábado, 26 de julio de 2014

Chet Baker - I'm a Fool To Want You

Todo lo contrario

Iniciando… es lo que dice Word 2010 cuando se está abriendo.
Es justo lo que me cuesta este sábado. Iniciar.
No sé si esta sensación depre de Sábado solitario
viene de ver fotos de gente feliz en Facebook
...o de estar escuchando Billie Holiday.
Capaz que es una combinación de ambas.
Gente que se va. Eso soy.
Alguien en algún lugar lejano que sólo escribe.
Ni el sol ni el césped moviéndose, llamándome...
...desde el otro lado del vidrio pueden hacerme atravesar
...las paredes.
Capaz que es solo eso. Ponerse las zapatillas y salir.
Pero no puedo.
Tengo al menos 15 libros sin leer en mi pieza pero tampoco.
Palabras que leo, releo, pienso y luego olvido.
Sé que quedan en algún lugar, pero cómo ir ahi?
No tengo ganas. No de leer.
Se terminó “I am a Fool to Want You”.
Así que ahora escribo en silencio.

Capaz que es eso.
Estar un rato en silencio .

lunes, 14 de julio de 2014

Cero actividad pseudo-literaria

Y nunca más escribí. Será porque dejé de leer en castellano?
Será porque entré en un mundo nuevo que aún no termino de absorber como para elaborar escritos sobre el mismo? Será que tener la mitad de mis pensamientos en un idioma y la otra mitad en otro no ayuda a sentarse a escribir?
Creo que es solo que no tengo mucho tiempo... y el poco tiempo que tengo lo uso para relajarme y ver una serie en vez de leer y escribir cosas no relacionadas con el diseño. Aunque dicen que todo está relacionado con el diseño. Anyway... ya volveré más inspirado.


sábado, 23 de noviembre de 2013

Es sólo un cuerpo

Un fantasma no puede estar en dos lugares al mismo tiempo.
Algo que no produce sombra, que no tiene reflejo
y que sólo existe en los ecos;
algo así, no puede dividirse. 
Es una entidad capaz de mover objetos en el plano de lo real.
Alejarlos de su posición original, pero nunca traerlos de vuelta.
No puede empujar algo más allá del abismo,
no puede quebrarlo, no puede romperlo,
pero puede encaminarlo, a la destrucción.
El fantasma no caminará hasta el final, porque sabe,
sabe que una vez ahí, será arrastrado junto con la víctima,
a ese lugar donde no hay sonidos ni reflejos.
Más allá de la luz, donde se agrieta la oscuridad,
donde el frío tiembla de miedo, donde la piel grita,
Donde los ojos no existen.

El fantasma no puede mirar, puede sentir
y puede hacerte sentir que lo ves, pero no es ahí.
No es ahí donde está.
Empuja al pasado hasta hacer que su fría nariz
toque la madera de tu puerta.

No puede esperarte del otro lado
porque no puede dividirse.
Existe aunque no lo pienses.
No puede nombrarse a sí mismo.
No puede hacerlo porque no sabe quién más está.
Habla, sin emitir sonido, el idioma del momento.
Huele a interiores. Interiores que se doblan.
Interiores que salen.

El muro se da vuelta. Se desprende un poco de polvo.
El sonido de arena cayendo cesa. El tiempo se detiene.
El fantasma está de espaldas.
Su cuello se dobla, la garganta se abre.

Esa sensación helada cuando la piel se abre
y la oscuridad se derrama.
Gotea y de repente cae de a chorros.
El cuerpo ya no está.

sábado, 24 de agosto de 2013

jueves, 16 de mayo de 2013

Fly From the Inside

Con mi vaso térmico de té en la mano, praliné de almendras y una caja de tic-tacs rojos y amarillos, vi una película de esas que te mueven cosas from the inside.
Un calor recorrió el cuerpo, como si algo en la realidad estuviese cambiando en ese momento, algo que se hubiese activado sólo porque nos dimos cuenta. Una especie de conexión que hay en el aire, algo que flota invisible, cuyo alcance no conoce límites físicos y, para desgracia de todos, es inmediato. 
Hacemos esos pequeños comentarios en una escena clave, distraemos y cortamos el clima de la ambientación, las luces y los actores, sólo para agregar, sin necesidad alguna, que ese actor es igual a una persona que justo.... It doesn't matter. Pero a veces no lo hacemos, se pronuncia en nuestra mente pero el comentario nunca sale a la luz.
Existen ciertos gestos, sutiles y obvios al mismo tiempo, que son ejecutados en determinados momentos. Éstos, están enfocados a una persona específica. La persona, por llamarla de alguna manera, destinataria del gesto, en efecto, lo recibe. No hace nada al respecto, pero bajo una lectura despierta se observa una reacción, aplacada en cierta medida, pero que no puede ocultar un claro desciframiento del mensaje. Ante esta accidentada y seudo-espontánea indiferencia, imposible de ser ejecutada con total imparcialidad, actuamos de manera educada y respetamos dicho encubrimiento.
Pero... siempre hay un pero, ambos lo saben. Ambos son conscientes de casi todo, y quizás lo sean por años, de que esa acción ocurrió esa noche, en esa fiesta, bajo ese techo; y cumplió con cierta hipótesis interna, aunque con un rezago gestado por ambas partes, emisor y receptor.¿Qué determina la longitud del intervalo de aceptación y reconocimiento del pequeño gesto? Los hechos, el estado de situación, una característica humana que siempre intenta controlar cuándo son las cosas, cuándo se reacciona, según ciertos parámetros sociales totalmente subjetivos y aprehendidos con el tiempo. Una ingesta de la mixtura de diversas interpretaciones sobre nuestros propios comportamientos.
Creo que mí centro de gravedad se movió hoy. Se acomodó solo, un poco a la izquierda, un poco hacia abajo, se trasladó en diagonales, se chocó con mi estómago incluso. Aunque volvió, quizás, a la misma ubicación, quedo girado, un poco, creo. ¿Algo considerado centro puede girar sobre sí mismo? Lo que no es materia, lo que a veces se distancia de nosotros, puede tener su propia posición, cambiar el equilibrio del cuerpo que lo contiene aunque sólo gire sobre si mismo. Espero que mientras estoy dormido sepa qué hacer.
¿Que habrá pasado ahí dentro? 

domingo, 12 de mayo de 2013

Stay

No puedo permanecer 2 horas en el mismo texto. Escuchando Tracy Bonham, ayer escuchaba Charlene Soraia, me doy cuenta que entre ayer y hoy estuve deambulando por la autobiografía de Neruda, una nota de Le Monde Diplomatique sobre la crítica al estilo del ministro de comercio interior, un libro sobre el concepto de Lectura en Morfología, reflexiones en Facebook, la tecnología descentralizada en Lo Pequeño es Hermoso de Ernst Schumacher, un post en un blog hablando del concepto de háptico y su aplicación en las nuevas tecnologías y así. Leo dos o tres páginas, cuando se trata de un libro, dos párrafos, cuando se trata de un blog, anoto un par de renglones y salto para otro continuum de palabras dispuestas en un cierto orden de modo que formen un sentido, un mensaje. Pero interrumpo su continuidad, necesito hacer eso para no perder algo que no sé, tomar ciertos datos para un futuro en que quizás ni los necesite; creo que al escribirlos los guardo mejor. Leí hace poco que es imposible volver a sacar todo lo que guardamos, no sólo eso, sino que lo que permanece “stored” va cambiando al relacionarse con otras cosas que había guardadas, incluso con elementos que se guardaron después o al mismo tiempo. Nuestros módulos o células de información, ya sean recuerdos o simples sensaciones, cambian constantemente y se entrelazan con otros “momentos” vividos. De modo que al extraerlos traen aparejados a estos nuevos amigos, cambiando por completo su estímulo original. Reasociación y Plasticidad, así lo llaman.


Volviendo a lo anterior, irónico… , creo que por eso me cuesta tanto terminar un libro. Cuando logro agarrar cierta dinámica de lectura, obviamente en un mismo libro, llego a un concepto del cual no estoy muy seguro, agarro el diccionario, me doy cuenta de que no existe la palabra, me siento en la computadora, google.com, sale en wikipedia, obvio. La palabra nueva me lleva a blogs y textos que me interesan. Resulta que por toda la mañana no volví más al libro. Y así, ya conociéndome un poco, pero sin intenciones de enfocarme en puntos singulares, tengo 3 o 4 libros y una revista que voy leyendo simultáneamente. Sin contar las notas de facebook que se meten en el medio, pero esas se leen en 10 minutos.

Pero todo esto se proyecta a todas mis actividades. Bueno, a la facultad la hice de corrido y la terminé, creo yo, en tiempo y forma considerando la complejidad del trabajo final. Pero hoy, hoy 12 de Mayo de 2013 mi intención es cambiar eso. Quiero colgarme leyendo y no perderme en textos paralelos, para eso ya está mi cabeza. Antes que termine Mayo voy a tener 2 libros terminados. No es LA gran meta, pero es un comienzo. Y encima tengo que leer cosas en inglés, eso si va a ser a un costado de mis libros en castellano.

domingo, 5 de mayo de 2013

Cosas que son otras


Cosas que parecían ser de una forma pero que son de otra. 
Sólo una noche bastaba, sólo un impulso… 
y de repente se veía hacia abajo,
 el abismo ya no era tal, era eso.
Como un avión confundido 
surco sobre mis redes neuronales, 
cayendo en picada de a momentos, 
expulsando miles de chorros de humo 
gris oscuro que separan cualquier imagen.
 Me tenía que tocar a mí algún día.
Unos meses antes de algo que ni sé si va a ser, 
me encuentro acá, un domingo, de noche, 
escuchando jazz. 
Con libro abierto al que ni bola.
 No, tuve que salir a caminar un par de cuadras, 
me puse la campera y volví un rato después. 
No puedo celebrar nada aún 
y las ansias se calmaron un poco,
 resurgió la confusión.
¿Dónde estaré en tres meses?  
Todavía no lo sé y me carcome por dentro.
Quiero que se terminen estos días
y recibir la maldita notificación.
Sí, con esa buena onda la espero.
Quizás es porque es domingo.

lunes, 22 de abril de 2013

Time Flies




Into a suburb of heaven,
yeah it should've been forever.
It all seemed to make so much sense.
[...]
She said nothing ever happens
if you don't make it happen.
And if you can't laugh, then smile.

But after a while
you realize time flies.
[...]
She said nothing ever happens
if you don't make it happen.
And if you can't laugh, then smile.
[...]
How does time break down
with no marker, things slow down.
A conference of the strange
[...]
I could tell you what I'm thinking
while we sit here drinking,
But I'm not sure where to start.

You see, there's something wrong here,
I'm sorry if I'm not clear,
[...]
And the coat you wore to Alton Towers
Is still the way I see you now.

miércoles, 17 de abril de 2013

Leyendo los dos bajo la misma lámpara


Incómodos, cansados y apoyados con el cuello todo doblado sobre dos almohadones.
”…por eso te dejo esta carta en la caja de nuestro árbol, porque sé que vas a subir, como siempre, y la vas a abrir.”
Taché una oración que iría aquí mismo.
También te dejo, sobre la mesa, una factura recién salida del horno en un plato de postre, junto con el termo que tiene agua caliente. Cerré la hornalla cuando empecé a sentir las burbujitas. Tenía la mano apoyada sobre la manija de la pava, como me enseñaron en la pensión, cuando vivía  a una cuadra de la facultad. Escuchaba Zeppelin y me acordaba de cuando me quedaba sólo en la casa de mi abuela. De la pensión salía a las diez menos cinco cuando la clase empezaba a las diez, y llegaba bien; eso sí, con cara de dormido. La facultad donde felicité a un profesor después de su teórico, sólo diciéndole –muy bueno el teórico!-, y se emocionó, se le notaba, me dijo que pocas veces un alumno se acerca para decir eso. Un par de años más tarde lo tuve de profesor en cuarto, y cuando ya me había recibido fui ayudante en su cátedra. En cuarto ya tenía una notebook que me regaló mi papá, era la que usaba él para trabajar. Antes de usarla para la facultad hice un poco de música electrónica, pero sólo un par de noches; sobre una mesa verde acanalada, a la cual había que ponerle un pedazo de alto impacto para poder dibujar encima. No estaba pensada para dibujar ni escribir, sólo para leer. Con un pincel ancho, que sacábamos de un cajón, sacábamos las migas de los canales. Nos juntábamos a estudiar ahí. Fue el departamento desde donde mejor se apreciaban los atardeceres, en un sexto piso, en un edificio que parecía un barco. Me pregunto quién vivirá ahí ahora. Seguro que no lo conozco. O la conozco. Abajo había un bar al que sólo fui una vez en dos años y medio que viví ahí. Al cine me harté de ir, quedaba a cuatro cuadras.

lunes, 11 de marzo de 2013

Epígrafe

"Rara vez un lector ha encontrado relación alguna entre el epígrafe y el resto del libro."
                                                         Patricio Corvalán, idea carente de sustento, 2013.





Hay quienes buscan en esas frasecitas que hay al inicio de los libros cierta inspiración para la etapa de su vida que están recorriendo en ese momento, que como la mayoría de los casos está rebasada de incertidumbre y malas decisiones; otros esperan encontrar profundos debates filosóficos, contradicciones entre la lógica y el plano de lo real o incluso, por qué no, una frase que concentre toda la idea que será postulada en 450 páginas, con notas al pie que nadie termina de leer. Considerado esto último, no haría falta leer el libro, bastaría con intentar leer concienzudamente estas oraciones que levitan en el extremo superior de lo que casi fueron páginas en blanco, antecediendo al prólogo, otra vil sección totalmente innecesaria; como la tercera concavidad del lavarropas, que no lleva ni enjuague ni jabón el polvo, y nadie sabe por qué está ahí.
Se dice que quienes realmente comprenden los más oscuros secretos del universo no son los que leen todo el libro, sino quienes se detienen eternamente en los epígrafes. Porque, si en un estado total de desamparo son capaces de generar una conexión entre una frase suelta y una obra que todavía no leyeron, su perversión no tiene límites.

Se desconoce en qué año se empezaron a utilizar estos engendros cursivos, pero se deduce una intención primordial de despistar y hacerle perder valiosos segundos a los más ingenuos lectores. Ciertos especialistas se atreven a postular que la sola lectura del epígrafe, generalmente proveniente de otro autor que rara vez respira, afecta a la percepción de todo el ensayo subsiguiente, cambiando incluso el sentido de la Tesis, diplomática y elegantemente explayada.
El lector, totalmente tensionado, avanza página tras página intentado, sin éxito alguno, olvidar dicha oración de carácter somático. Al final del libro, la conclusión que emana de una voz interna carcomida por la desdicha es la siguiente: 
¡¡Qué cuernos quizo decir con ese epígrafe?!

Algunos pensadores románticos remiten a estas acechantes citas como el principio mismo del concepto de atentado. Una pequeña célula que es capaz de destruir toda una obra si se la coloca en la puerta de entrada.

sábado, 16 de febrero de 2013

Tipeando estaba la gansa


En una época sentarme a escribir con la máquina de escribir eléctrica de mis padres me resultaba más placentero que tipear en la computadora. No sabía usar internet en esos tiempos, sí, no sabía. Sentir el impacto de los pequeños sellitos con cada letra a medida que escribía tenía su encanto. Obvio que era un acercamiento a las máquinas Olivetti que tuvieron tanta aceptación en los escritores bohemios de los ardientes sesenta. Pero bueno, en nuestra casa había una eléctrica.
Hoy me doy cuenta que ese placer diletante se transportó entre el teclado de mi computadora y la pantalla touch del celular. Tiene más encanto, aparte que es más cómodo y rápido, el teclado de mi computadora. Lejos estamos hoy de la máquina de escribir, aunque por unos mil pesos o menos se consiguen algunas en unos sucuchos que vi en Buenos Aires la última vez que estuve. O quizás eran más de mil pesos, no sé, igual no me veo comprando una por ahora. Como que mi economía me lleva a comprarme cosas útiles, y si son boludeces tienen que ser baratas.
Bueno, esto es una ansiedad de escribir antes de dormir. Por eso esto no está para nada interesante. No era una ráfaga de inspiración, sólo ganas de volcar mis ganas de tipear. Y creo que con esto es más que suficiente. 

Mi efímero perro


Lo que nos diferencia y lo que nos acerca.
- Ven perro errante, acércate, mantén tu sigilo. Aproxima tu cabeza, yo sí te voy a acariciar, aunque sea sólo un rato.-
A ambos nos gustan las caricias de los humanos. La diferencia es que vos te animás a acercarte a pedir cariño a extraños, yo no. Ambos tenemos las mismas chances de ser rechazados. Tu pelo es áspero y grasoso; no es suave, no tiene el aroma a crema de enjuague de la botella violeta. Pero vos te animás a acercarte. Tus ojos tienen sabiduría, experiencia, sobre todo en la tristeza, en inclemencias; quizás más que los míos. Tus bigotes blancos denotan tu madurez, tu mirada resignada, como una reacción latente, premeditada, ante la posible indiferencia. Pero esos ojos igual dicen – necesito afecto, luego de esto me iré, y no me verás más-, pero vos cumplís, vos te vas, no, yo no. No sé irme. Por eso vos estás acá, conmigo, escuchando Morphine. ¿Por qué ese gesto de alarma?¿Te gustaba más cuando el libro estaba abierto? A mi también. Un libro en las manos de un hombre representa que es un hombre pacífico. Es verdad. En eso tenés razón valiente perro. Yo también me quedaría a mi lado. 

jueves, 14 de febrero de 2013

domingo, 3 de febrero de 2013

Los domingos también se perciben en vacaciones.

Cada día tiene su propia nitidez. Cada mañana el hormigón y la madera del edificio en construcción del frente se ven distintos.
Si el libro es bueno y lo leemos dentro de dos años, será otro libro. Si el libro es una mierda, bueno, seguirá siendo una mierda. El café con leche sale distinto cada mañana, su gusto varía incluso según cuánta agua tomé al levantarme, según cuántas horas dormí y según qué haya soñado. Cabe aclarar que las proporciones son siempre las mismas, 1 de café y 3 de azúcar. Me rehúso a creer en leves modificaciones en los ingredientes.

Todo cambia todos los días, como también las tardes y las noches. Pero sobre todo se nota a la mañana. Abrir los ojos, agarrar el celular, ver los pliegues de las sábanas, incrustar la nariz en la almohada, mirar por la ventana frunciendo el ceño, tomando aire y estirando los brazos.
Cada mañana mi letra es distinta, a veces todas las palabras están pegadas al renglón y las letras son de tamaños similares; a veces sus proporciones son aleatorias y algunas letras tienen la capacidad de levitar, según qué tan dormido esté su dibujante. (numb)
Muchas cosas pueden ser diferentes según que tan dormido esté uno, incluso uno mismo ante el espejo del baño, y por qué no, ante el espejo del tiempo.
La taza ya está vacía.

sábado, 26 de enero de 2013